Pilar Rahola : "Las niñas que no tenian navidad"


Portada del libro de Pilar Rahola Historia de Ada / Random House Mondadori / Intermón Oxfam



Pilar dedica este libro"Historia de Ada", a su hija Ada,segun ella "Me hacía ilusión homenajear, no a Ada, sino a las Adas que dejé atrás. Destruir la infancia es destruir el futuro, somos auténticos suicidas, por eso yo no quiero dar lástima con este libro, quiero dar rabia y al mismo tiempo que se enamoren de mis niñas"

A mi hija, cuando la conocí llegué a la conclusión de que era la niña más triste del mundo. No solo no sonreía, sino que realmente tenía la mirada hacia adentro, no miraba. Le hacía carantoñas, le gastaba bromas con mi marido y mis otros hijos y no nos veía. Nos dijo una mujer de la zona que no estaba acostumbrada a ser el centro de atención y cuando le dije al médico que mi hija no reía, me respondió: “no tiene motivos, dale motivos”. Y es cierto, le dimos motivos y la niña se ha convertido en una niña súper alegre, muy extrovertida, con una fuerte personalidad que yo nunca habría adivinado en esa niña triste y frágil que conocí
¡La intensa mirada triste de sus ojos almendrados! Miraba hacia adentro, como si el exterior fuera el paisaje de todas las pesadillas. No nos vio. No vio la pequeña oveja de peluche que danzaba un baile imposible y derrotado. No vio a la joven que le dedicaba una sonrisa de fiesta mayor, enternecida y asustada. Esa joven que sería su hermana… No vio al hombretón que quería abrazarla, torpe e indeciso, tan vulnerable en su notable corpulencia, un vasco de lejana genética que suspiraba por ser su padre. Ese hombre que, al ratito, lloraría como un niño. Y no. No me vio, yo, su madre, ataviada con las mejores galas de los sueños, aún atrapada por los miedos que asaltaban el alocado latido del corazón.


Ese día, Ada llevaba llorando algunas horas, no se sabe cuántas, porque la pierna se le había aprisionado con los barrotes de la cuna y nadie consideró que aquello fuera su asunto. Llorar, en un hospital perdido de la Siberia perdida, con el llanto de una niña perdida, no es ninguna noticia en los confines del mundo, allí donde no llegan los mapas de la conciencia.

Tenía neumonía, pero no era su primer reto. Con trece meses cumplidos, ya se había enfrentado a una hepatitis, algunas bronquitis, una salmonelosis y la persistente sarna que la acompañaría hasta su nuevo hogar. Su nueva vida. No tenía desarrollados los músculos del cuello, porque nunca, nadie, le dedicaba un “aupa” juguetón. En las piernas, pequeñas llagas de su infancia sin pañales, y en los pies, la nostalgia de unos zapatos que nunca había usado. Los potecitos de ternera y verduras le provocaron una inflamación del hígado –demasiada proteína para su cuerpo virgen– y la piel se tiñó de pequeñas manchas rosáceas. Ante la comida, escondía sus manos en la espalda, como si temiera tocarla, y abría una boca de espanto. Le dolía el sol y cuando empezó a practicar una extraña y nueva diversión, pasear, huía de sus rayos como si fueran rayos de fuego. Ese día no nos miró. Y ese día, como tantos, tampoco nos sonrió.
Ada tardó casi tres semanas en esbozar la primera sonrisa, una tarde, desde su nueva cuna, en su nueva ciudad, en el umbral de su nueva vida, y esa tarde supimos lo que era la poesía. Había iluminado su cara, y la luz traspasó nuestras dudas. Ese día supimos que habíamos vencido. Hoy Ada es una cereza dulce que engalana nuestra vida y corretea por nuestra alma, agitándola, maravillándola, embelleciéndola. Se ha convertido en un vampiro de amor, y reclama abrazos y besos a todas horas, como si fueran a acabarse. Como si cada día fuera el último día. Sí. Es una niña feliz, y el recuerdo de la niña que fue es una tenue sombra que esporádicamente visita sus sueños, una heridita en la retina del recuerdo, una lejana maldad. Forma parte de lo que ella fue, pero ya no es.

Sin embargo, ¿cuántas como ella, cuántas Adas lloran su invisibilidad en los rincones del mundo, en las esquinas oscuras donde no habitan nuestras preguntas ni nuestras inquietudes? ¿Cuántas, en las calles donde construyen su soledad? Niños que aprenden a esquivar un golpe, antes de saber lo que es un beso, supervivientes del dolor y del miedo. Decenas de ellos, centenares de ellos, miles de ellos, sin campanitas ni árboles de Navidad. Algunos abandonados a su suerte. Otros, abandonados a la suerte de padres terribles que los maltratan, los violentan y los destruyen. Sus protectores, los ogros de sus cuentos. En las Siberias lejanas y en los barrios cercanos, al albur de adultos que saben de su desamparo y de la fragilidad con que tutelamos sus derechos.

Esa es la cuestión central que atañe a los derechos de la infancia: su fragilidad.


Y vuelvo a Ada. Estos días ha empezado sus clases de hípica. Tiene un caballo que se llama Fru-fru y le da manzanas y zanahorias después de cada sesión. Me dice, mirándome con sus bellos ojos almendrados: “Mami, soy muy feliz”. La escucho y siento una intensa sensación de triunfo, un hondo orgullo, un plácido descanso. Conseguimos vencer el miedo y ganar la batalla de la felicidad. Ella puso todo. Nosotros pusimos lo que pudimos. Y, por el camino, el amor nos entrelazó para siempre. Ada es feliz. Pero en los meandros de la noche, cuando me vuelven las pesadillas, recuerdo a esa niña que un día fue y ya no es, su mirada sin mirar, su cuello sin fuerza, sus piernas con heridas, sus labios sin sonrisa, su profundo cansancio de vida sin vivir. Y pienso en las Adas que dejé en aquella lejana Siberia o en las que habitan en las cercanas barriadas de mi ciudad, allí donde no llegan las noticias. Pienso en las Adas que no tienen Navidad. Y la conciencia se convierte en un martillo.


   Fuente: PilarRahola.com
4 Responses
  1. Laura Says:

    Uffff... Sin palabras. Me he quedado sin palabras.


  2. Samaiaui Says:

    Cuantos niños y niñas hay en muchos lugares con la mirada perdida...cuantos pasando penalidades y carencias afectivas...Ojalá lleguen pronto unos padres para todos ellos que les hagan mirar todo lo bonito que hay en la vida y sus ojos ya no miren más a ninguna parte...
    Muy emotiva esta historia!


  3. Es impresionante, no puedo dejar de leerla... he buscado en la página de Intermón para ver si podía comprar el libro pero ya no aparece...:((
    ¿ Tú sabes dónde conseguirlo Sandra?

    Un besazo gordote!!!


  4. Es impresionante, no puedo dejar de leerla... he buscado en la página de Intermón para ver si podía comprar el libro pero ya no aparece...:((
    ¿ Tú sabes dónde conseguirlo Sandra?

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